miércoles, 31 de octubre de 2018

Entrevista en SOMA por Radio Yucatán FM














El día lunes 29 de octubre estuve en Soma en la cultura, programa de radio dirigido por Ricardo E. Tatto y emitido por Radio Yucatán FM. Charlamos, junto a Ady Teller, sobre diversas cuestiones relacionadas con la labor creativa, la ausencia de una crítica real en torno al arte, y en general de la cultura. También comenté algo de mis libros. 



PARTE II

miércoles, 17 de octubre de 2018

En el nombre del Padre, del Verbo y del espíritu de la Fotografía



Reseña escrita por Sergio Pérez Torres

Formalmente, Médium cumple con la definición que tenemos de elegía “un subgénero de la poesía lírica que designa un poema de lamentación. La actitud elegíaca consiste en lamentar cualquier cosa que se pierde: la ilusión, la vida, el tiempo, un ser querido, un sentimiento, etc.”
El término elegía procede del sustantivo masculino ἔλεγος ("élegos") que designa un canto de duelo acompañado de flauta o (más raramente) lira, pero, así como la poesía nace del canto y en la modernidad se inclina más hacia lo visual, esta obra de Daniel Medina e hija de su tiempo, tiene que ver más con la fotografía, pero ya hablaré de esto más adelante.
La tradición elegiaca por la muerte del padre está bien documentada. Desde el siglo XV ya tenemos  Coplas por la muerte de su padre de Jorge Manrique en España. Ya en Latinoamérica en el siglo pasado encontramos Elegía a la muerte Guatimocín, mi padre, alias el Globo, del venezolano Caupolicán Ovalles y Algo sobre la muerte del mayor Sabines, del chiapaneco Jaime Sabines.  
Pero Médium es mucho más intimista que las anteriores, me recuerda más en el tono a un poema de Sylvia Plath, y curiosamente no a su más famoso poema, Daddy que precisamente trata sobre la pérdida de su progenitor, pero de un modo iracundo y vengativo, sino a cierta parte de Three Woman.

Medina escribe: “LA MUERTE ES ALGO / que se hereda: / estoy muerto desde niño.”
Y en Plath leemos: “Cuando fui niña, amé un nombre corroído por el liquen. / ¿Sería entonces el único pecado, este viejo amor / muerto de la muerte?”

* * *

Los catorce poemas y cinco fotografías que integran el cuerpo del libro forman un corpus sólido junto al epígrafe. Tal vez como esa caja maravillosa que tiene mito, poesía, memoria y muchas cosas más por descubrir llamada Nox, de la canadiense Anne Carson, en el que a partir de una cita de Cátulo que desmenuza para dar lugar una elegía sobre la muerte de su hermano mezclada con registro documental. 
Aquí lo interesante, es que, en las fotografías en blanco y negro, las personas aparecen cegadas por líneas rojas, lo que le da unidad orgánica a cuando Daniel nos dice: “SUPIMOS DE TU MUERTE/ cuando en tus ojos se tendió la nada.”.
Éste es un poemario reflexivo pero no sesudo, cerrado pero no hermético. Hay un entramado de temas que se entretejen en Médium, obviamente está la pérdida del padre, pero como en un cuento contemporáneo, existe la doble historia, me parece que lo más presente es la intención de hacer presente la composición de los materiales del libro en todo momento.

En cinco momentos se nombran a las mismas fotografías. 

8. En la que se hace una apología memoria, lo que se conserva y lo imposible de guardar:
Eres una fotografía vieja: / el portarretrato que te guarda no se mantiene en pie. 

10. Una intertextualidad y al mismo tiempo apología al “el hubiera”: 
lo que Sharon Olds nunca pudo: / la fotografía que quiero. / La fotografía / que año con año / quise encontrar en el álbum / de la familia: 

12. La burla de la condición fugaz de nuestros recuerdos y de nuestros intentos por conservarlos:
tu rostro es una fotografía olvidada / a la mitad de un circo. 

13. En donde resume los materiales usados como, digamos, inspiración:
entre papeles y fotografías 

* * *

Debo decir que hay un instinto del tratamiento de los espacios y silencios. Algo que inicio más mentalmente Mallarmé con su tiro de dados. Cuando empieza a nombrar las fotografías, Medina inicia en el 8 y sólo vuelve al tema en los pares, hasta que llega al 13 y detiene ese ritmo. Lo mismo sucede cuando el tratamiento es  metaliterario, el poeta habla del poema y del lenguaje. Inicia en el 1 y sólo trata este tema en los impares hasta que rompe el ritmo después del 7. 

1. El padre es una especie de Adán y al mismo tiempo un Paraíso Perdido:
EL LENGUAJE SE ROMPIÓ / en varias piezas. 
Quiero decir: tu voz es el lenguaje de las cosas. / –O al menos lo fue cuando vivías. / Pienso ahora que el lenguaje / es la piel del mundo. 


3. Una cercanía con la poética del silencio y del bloqueo del escritor, pero que desemboca en la exaltación del padre: 
Hay algo que me impide / alimentar la hoja / llenar el espacio en blanco / de tu nombre. 
Dices mi nombre. / Y en esta página / brota el poema más perfecto.

5. En una especie de comparación de la escritura con una ouija en la que es posible comunicarse con los que se han ido, pero con un resultado defectuoso porque no se tienen todas las palabras:
TRABAJO / ahora escribo / a las afueras de la página. / Trato de charlar con los difuntos. / Lo imposible vuelve / regresa para repetirse. / La lengua es muda en tiempos de sequía. / La sangre llama. / Escribo la muerte / página por página / y lo imposible trastoca la estructura. / Digo retorno, autopsia / nada sirve. 
Hay una línea extensa / entre los muertos y los vivos / entre estos mundos que aunque lejos / son sinónimos. / Hay una línea extensa que nos une. / Pero 
qué palabra puedo usar / para decir los huesos. 

7. Donde tal vez está el momento más místico del libro, emparentado con un budismo zen:
Creo que te invoco / a cada sílaba y a cada golpe. / Que logro escribir / lo que realmente espero / que digo palabra por palabra / lo que siempre quise. 
El poema no es contacto / es un vacío como el odio 

12. De un modo conciso el poeta no teme rendirse en mostrar la vulnerabilidad de un cliché para lograr el efecto de intimidad en el lector:
TE ESCRIBO PARA NO OLVIDARTE. 

13. En donde superpone la vida al arte, y manifiesta que el detrás de páginas (por no decir detrás de cámaras) es más importante que la obra terminada. 
POR MÁS QUE ARMO LAS PÁGINAS DE ESTE LIBRO / entre papeles y fotografías / por más que logro superar momentos terribles de la infancia / por más que tomo el pulso de tu herencia / en mi pecho: / no vives : no hablas / y varios metros bajo tierra / la poesía sigue siendo inútil. 

14. En una especie de comparación de la escritura con una ouija fallida
ESCRIBIR SOBRE LOS MUERTOS / no se parece en nada /a una invocación.

martes, 16 de octubre de 2018

Poesía en tiempos de relleno



A Enrique Carlos y Fernando Carrera,
por la charla que antecede al texto

La poesía  mexicana y los seres que rodean el fenómeno viven constantemente la disputa de si existe o no una crisis en el ámbito literario del país. Los premios y las becas son el centro de la discusión; también la Maldición de las 60 Cuartillas. La realidad es que los libros premiados que carecen de poemas genéricos son pocos, es decir, poemas que pueden aparecer en cualquier otro libro del mismo autor o incluso en obra ajena. Es normal dividir un libro en tres secciones, y dotar a cada sección con un poema poderoso que de alguna forma sostenga lo genérico de otros. Los finales aforísticos dispuestos en dos versos están a la orden del día. 
Es indudable que los premios y becas han modificado –y aumentado– la producción de poemas. Es impensable para los autores dar una respiración entre libro y libro porque el tiempo es oro. Los poetas que obtienen premios importantes no son necesariamente grandes poetas, pero su escritura suele reflejar, en casi todos los casos, un conocimiento poético verídico, una idea de poema que quizá es eclipsada por los mecanismos de publicación y validación actual. Planteemos una situación hipotética: uno de estos poetas publica dos o tres libros cada año y su carrera empezó hace un lustro. Tiene entonces diez o más libros publicados; de ellos, sólo la cuarta parte es valiosa. Un lector, entonces, tiene amplias posibilidades de conocer su trabajo mediante los libros no valiosos –es decir, aquellos libros plagados de poemas genéricos y temáticas de moda–  y decidir jamás volver a este autor. Escribir es generar significaciones de lo imposible, publicar es querer ser leído. Pasa entonces que quizá muchos de nuestros poetas no quieren ser leídos: la publicación de su obra es mera consecuencia de lo premiado. 
Por otro lado, hallar libros que con una extensión menor serían buenos es común. La plaquette no entra en el sistema actual, por lo que grandes obras de la tradición literaria universal no podrían ser validadas en esta época ni concursar en los certámenes de prestigio. Por el contrario, el facilismo de las construcciones de libros del ahora es indudable. Pensemos en la gran cantidad de autores que sostienen su carrera literaria en uno o dos libros destacables, pero su bibliografía consta de más de veinte volúmenes para el olvido. Diríase entonces que estamos en los tiempos del relleno, en los tiempos del autor-libro condicionado por su contexto de producción. 
Algunos autores escapan, claro, de lo dicho anteriormente. Muchos otros no. La fatalidad no debe acompañar estas cuestiones: la crisis dependerá siempre de los puntos de vista, y los poemas seguirán ahí, intactos. Viendo hacia el futuro, es lógico pensar que, a pesar de esto, ocurrirá la implacable selección natural que acompaña a la poesía. Al final quedarán los libros que debían quedar, y todo esto será sólo una página oscura en los libros de la época.

viernes, 9 de febrero de 2018

Publicar y arrepentirse


Para mis amigos del taller

Quiérase o no, publicar es un acto necesario cuando se inicia en la escritura. Y más que eso: escribir y publicar son en principio la misma cosa. Se ha dicho muchas veces que la poesía mexicana, por ejemplo, debe su “crisis” a las facilidades que otorga la actualidad para quien desea o patológicamente necesita una publicación, y es que tienen algo de certeza cuando mencionan que publicar es, en estos tiempos, lo parte más sencilla del oficio. Por eso nos apresuramos en el acto, y me atrevería a decir que todos, sin exepción, alguna vez lo hicieron.
Publicar un primer texto entre los 15 y los 20 años es común. Arrepentirse de dicho texto entre los 15 y los 80 también lo es. Pensemos, entonces, en la importancia del suceso: ¿qué sería de mí, autor, sin ese primer acercamiento? Probablemente nada. Quizá después llegue la primera plaquette o la primera antología de la que también vamos a arrepentirnos. Hemos sabido de escritores que buscan eliminar su texto de tal o cual revista, descolgarlo de internet o simplemente negarlo. La realidad es que siempre es demasiado tarde.
De raíz, el problema de publicar cuando se inicia es que se torna enfermedad: una vez que ocurre muchos no pueden detenerse, y los mismos tres o cuatro textos aparecen en veinte o treinta revistas (que muchas veces publican cualquier cosa, cosa que me parece es en gran parte un problema), dos o tres antologías y un par de videos. Uno, con pleno desconocimiento, desea sólo figurar en lo que hace. Publicar es existir. Y muchos existen a la fuerza y demasiado pronto. Escribir poco y publicar poco no es necesariamente bueno. Del mismo modo, escribir mucho y publicarlo todo no es del todo erróneo. Digamos, pues, que los rituales de publicación dependen de los autores en absoluto. 
Vuelvo a decirlo: publicar es necesario en tanto que nos quita la vergüenza, y renegar de lo publicado es el paso natural. La confianza sigue, cómo no, intacta. Para nadie es un secreto que la escritura es un juego de ensayo y error, de intentarlo sin más. Los autores de más experiencia recomiendan publicar cuando la madurez nos haya alcanzado –o la hayamos alcanzado– pero ¿qué hay del ensayo-error que detona en la confianza? Vale la pena retomar el prólogo de Poesía, una historia de locos del gran Antonio Cisneros: 

Mi primer librito, Destierro, recién salido de la imprenta de mano del poeta Javier Sologuren, era cosa mejor que un buen verano. Creo que entonces ya no tenía espacio para más felicidad. […] La plaquette, de 300 ejemplares en color salmonado, me dejó como saldo un pan con chicharrón, dos empanadas de Solari, una coca-cola y, sobre todo, la desvergüenza necesaria para seguir publicando poesía. (p. 7)

Publicar otorga la sensación de Ser Escritor –así, con las mayúsculas– y dependerá, el porvenir, de la visión de ese escribiente primerizo. Obtener la desvergüenza es la primera necesidad de quien escribe, asumir el probable error, quizá, es la segunda. 

lunes, 18 de diciembre de 2017

Entrevistas: La Gualdra y El Diario de Yucatán

Con motivo del Premio Peninsular de Poesía José Díaz Bolio y la publicación de Una extraña música (Ofi Press, 2017) me hicieron dos entrevistas: una de ellas realizada por Armando Salgado para La Gualdra (suplemento cultural de La Jornada Zacatecas) y otra realizada por Iris Ceballos Alvarado para El Diario de Yucatán. 

Para leer:

LA GUALDRA



DIARIO DE YUCATÁN


Premio Peninsular de Poesía José Díaz Bolio 2017



Tuve la fortuna de recibir el Premio Peninsular de Poesía José Díaz Bolio 2017 por mi libro "Una extraña música", esto gracias a la decisión de un jurado conformado por los poetas Daniel Torres, Luis Aguilar y Fernando de la Cruz. 

Escribí un pequeño texto para la ceremonia de premiación, más o menos dije lo siguiente:

A finales del siglo XIX, el médico oftalmólogo L.L Zamenhof publicó las bases del idioma Esperanto. Aficionado al tema, dominó el francés, ruso, polaco, latín, griego, inglés y hebreo, algo sabía también del español y el italiano. Zamenhof buscaba crear una lengua internacional que facilitara la comunicación, que hiciera real la convivencia de las naciones, la armonía, quizá por ello fue nominado al Premio Nobel de la Paz en doce ocasiones. Veintisiete años después del nacimiento del Esperanto, dio inicio la Primera Guerra Mundial: en ella murieron decenas de millones de personas. Pasó el tiempo. La aparición de otra guerra dejó ver los alcances de la brutalidad humana, cuya cima se encuentra en Fat Man y Little Boy. 
Es un hecho: somos lenguaje y somos muerte, somos estadística e intento. Hay algo más: somos música, extraña música, y por extensión el mundo también lo es. ¿Qué es la poesía entonces? Creo en ella como un sonido, un troqueo intraducible. Se ha dicho antes: La poesía es aquello que exige la existencia del mundo. Contrario a Zamenhof, creo que el lenguaje total es una utopía cuyo valor se encuentra precisamente en su búsqueda imposible. Ser poeta es saberse atrapado en la medida imperfecta del mundo.
Decir Poesía es otra forma de decir camino, viaje, mutación: somos buscadores de la realidad que el poema nos exige. 
No hay escapatoria: buscamos sin quererlo, no vamos a sitio alguno, pero vamos. Lo que nos motiva es la pregunta. Cuando pienso en el idioma Esperanto, pienso en el idioma de las cosas: El Esperanto es poesía en esencia, comunicación total, fracaso, eterna búsqueda del Otro en el vehículo de la palabra. El poeta busca cuando nos dice: "Hoy recuerdo a los muertos de mi casa"; "Padre polvo que vas al futuro"; "Nuestra tierra, ancha tierra, soledades"; "Una tarde parda y fría de invierno".

Muchas, pero muchas gracias.